Opinión TalCual|Mayo 5, 2021
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La democracia ha muerto en El Salvador. En sus primeras horas como nueva Asamblea Legislativa, 64 empleados de Nayib Bukele votaron como primer encargo la abolición del sistema de contrapesos del Estado de derecho. La destitución de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia no solo constituye un autogolpe de Estado contra el órgano judicial sino que consolida la vocación dictatorial de Bukele para gobernar con poder absoluto y sin ninguna entidad que lo controle. La destitución del fiscal general de la república traza la hoja de ruta para la persecución política en el país.
