Benito Rodríguez era un estudiante crónico de la Escuela de Antropología. Allí conoció a Nubraska Díaz, bastante más joven, pero ambos esclarecidos con ideas de rebeldía anti-sistema. Eran tiempos de la revolución en ascenso, y la pareja muy pronto se vería involucrada en el torbellino de pasiones característico de aquél momento.
