Analítica, 30 octubre, 2026
Si comparamos el camino hacia la democracia con el recorrido por López Contreras a la muerte de Gómez, la diferencia luce abismal. No hemos visto, como hizo él, derrumbar la Rotunda, poner preso al principal torturador de la época, Nereo Pacheco, confiscar los bienes del dictador, incorporar a su gabinete figuras opositoras como Rómulo Gallegos o liberar a todos los presos políticos.
Hoy los cambios son a medias. No todos los presos políticos están libres: algunos siguen en las mazmorras del régimen y otros han sido excarcelados, pero con restricciones. Aún no se les han devuelto los partidos a sus legítimas autoridades ni se han eliminado las absurdas inhabilitaciones que la Contraloría impuso con sumisión.
Sin embargo, hay esperanza. María Corina regresó, y no fue un show: entró al país pese a la resistencia del régimen y fue recibida con un entusiasmo desbordante. Además, se reunió con los partidos y organizaciones democráticas, que le expresaron su apoyo en la lucha por lograr elecciones presidenciales lo antes posible.
Si eso no es señal de unidad y de cambio, ¿qué es? Tampoco la transición de López Contreras fue perfecta, pero tuvo rumbo. Y rumbo es, precisamente, lo que hoy empieza a verse.
Tomada de: analitica

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